El amor y las tormentas de verano.

¿Alguna vez se han dado cuenta de que están entregados a una persona? Durante el correr de mi vida he visto montones de parejas, de todos los tipos, formas y colores, hablando en serio, he visto personas unidas por un estúpido papel, desencontradas por la distancia (de los corazones). He visto parejas que van de la mano en medio de la ciudad y se miran como si fueran una milanesa con papas fritas, que se deleitan la vida con el simple hecho de ver sonreír a la otra persona. Por otro lado también están los temerosos de mostrar sus sentimientos, por miedo, de ser rechazados, de ser heridos, de no ser, miedo de querer, porque todos le tenemos miedo al amor, y en realidad no sé porqué, preferimos llenarnos de odio que de afecto, creo que la palabra que resume todo es miedo. 

 Por eso una de mis cosas favoritas son los amores de verano, me resultan agradables al corazón, 7 o 10 días en los que te entregas a una persona que probablemente no vuelvas a ver en tu vida, que van a la playa y se ríen como en una película de comedia, y da igual, porque por un momento dejas el miedo junto a la ropa de invierno, encerrada en un baúl. Y se siente jodidamente bien, hablar con alguien acerca de las estrellas, las películas y canciones favoritas, por un momento dejas de preguntarte porque razón se encuentran en el mismo camino, y decides recorrerlo, apartas tus inseguridades y por un momento te siente libre, fuerte, valiente. Consciente de que en algún momento cada uno seguirá su camino, y de que es casi imposible cruzartelo en un futuro, a cambio guardas el recuerdo de aquel verano.

El amor y las tormentas de verano siempre compartirán algo: la intensidad y la duración. Al principio te asusta que arrase con todo como un huracán, pero luego tomas conciencia, y dices “joder, estamos en verano en un momento terminará”, te dejás llevar por la lluvia torrencial y el viento que empieza a soplar, y en lugar de resguardarte bajo tacho, comienzas a bailar bajo la lluvia, así que cuando empiezas a divertirte y sentir alguna especie de porquería espiritual, para de llover. Así como pasó la tormenta también pasará el amor, pero mientras dure simpre podemos disfrutarlo.

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Dí algo, por favor.

Me gusta pensar que todos tenemos la posibilidad de hablar, aunque a algunos no se nos dé tan bien. Me gusta pensar que en algún momento alzaremos la voz, sin la necesidad de gritar, porque hoy es nuestra mente, nuestros murmullos, y nuestros silencios los que hacen ruido, ¿no se supone que los silencios no hacen ruido? Los silencios no deberían hacer tanto ruido.

Durante toda mi vida me crié en silencio, crecí en silencio, respiré silencio, viví de silencios, horas, días, semanas e incluso años en silencio, el precio de no tener nada que decir, o de no querer decirlo, es que en un momento las cargas en la espalda van a ser mayores, y lo único que vamos a obtener es silencio, sólo que ahora este silencio me aturde, me asfixia, va calando muy hondo, y no tengo las fuerzas necesarias para detenerlo. 

¿No se supone que el ser humano tiene la capacidad de comunicarse con los demás? Creo que la repartición debería haber sido más equitativa, en nuestra vida nos vamos a encontrar a esas personas que pueden expresar absolutamente todo, sin esfuerzos, sin que se les arrugue el corazón al decir las cosas. También vamos a encontrar a aquellas que transmiten lo justo y necesario, sin dañar al resto pero sin dañarse a sí mismo. Y están aquellos que no tenemos la necesidad de hablar con nadie, que aguantamos las balas en silencio, que de vez en cuando nos vamos lejos a gritar, que vivimos de suspiros por todo lo que callamos, que tenemos la perfecta compañía del silencio, que nos sigue a todos lados, y nos cierra la boca y el corazón, y nos imposibilita de expresar, de sentir.

Es mirarte todos los días en el espejo, y más allá de lo que digas, de las palabras de aliento, de los “hola, ¿cómo estás?”, de las conversaciones acerca de los sentimientos, acerca del clima, de la ropa, no importa todo lo que digas, si seguís respirando silencio, por miedo, por empatía, por falta de coraje, tal vez, por miedo a herir al resto, sin importar los restos que quedan roto dentro. Dí algo, por favor. No sigas sanando heridas del resto, saná las tuyas, no pases tu vida sin decir lo que sentís, porque en un momento todas las palabras que no dijiste van a terminar matando lo poco de ser vivo que te queda, no dejes que el silencio envuelva tu esencia. Te lo repito, dí algo, por favor.

¿Quién me para hoy?

Vivir al normal, con un rutina que odiamos, con un despertador que suena demasiado temprano, con personas que aparecen solo para estorbar, leyendo un discurso que tiene más bla bla bla que palabras reales, viendo nuestro rostro todos los días con esas ojeras visibles, y esa sonrisa ausente, de momento. 

Vivir al normal, vivir como nos marca la sociedad, vivir con estereotipos, vivir con miedo, vivir cansado, vivir sin vivir. 

No necesitamos una vida maquillada de rosa, necesitamos una vida real, una vida que podamos vivir, que podamos sentir, cantar, bailar y gritar. No necesitamos una vida de color rosa, insisto, necesitamos vivir siendo nosotros, necesitamos vivir para encontrarnos, con nosotros mismos, encontrarnos y darnos el abrazo más lindo que tengamos reservado, porque muchas veces nos olvidamos de nosotros, nos olvidamos de la esencia que llevamos adentro, de eso que siempre decimos que es importante, y es realmente irónico que por fijarnos en la búsqueda de la esencia que encaje con nuestro ser, nos olvidamos que la mejor compatibilidad que podemos encontrar es con la persona que aparece en el espejo, cada mañana al sonar ese bendito despertador. 

Nos pasamos la vida tratando de complacer a todo el mundo, primero a nuestros padres, luego a nuestros maestros, nuestros amigos y nuestra pareja, y al final nos acabamos convenciendo que estamos destinados a ser ese rostro que vemos cada mañana en el espejo. ¿Por qué te pusiste esos tacones? Si vos amás estar descalza, ¿no te acordás? ¿Por qué vas a estudiar ingeniería? Si vos amás el arte. ¿Por qué terminamos fingiendo ser alguien que no somos? Nos creemos el crecer, estudiar, trabajar, conocer a alguien, casarse, tener hijos, etc. Nos estamos olvidando de los más importante, y es que todo esto es lo que la sociedad espera que nosotros hagamos, no es que nuestro sueño siempre fue ese, tal vez a medida que crecíamos nos hacían ver que era lo correcto, y eso era el “buen futuro”, nadie nos animó a ser astronautas, a ser bailarines, a ser artistas, nos dijeron que pensaramos en algo posible, que esas cosas no eran para nosotros, que esto es blanco y aquello negro, nos hicieron clasificar lo bueno y lo malo, lo que está bien visto y lo que no, lo mío y lo tuyo, y se olvidaron de enseñarnos a soñar, a vivir. 

Soñá, dejá esa carrera que no te gusta, y estudiá una por hobby, una que te llene el alma, dejá las preocupaciones por una nota, preocúpate por no haber sonreído en todo el día, o mejor, no te preocupes, dejá de vestirte con esa ropa aburrida ¡si tenés un mundo de colores en el alma! Brillá, mostrá tú luz, dejá de levantar murallas por personas que no levantan ni una pluma, dejá que la gente te vea sonreír, pará en ese parque que tanto te gusta y cerrá los ojos, dejá de pensar en lo que puede decir el resto, dejálos que hablen, que ellos no entienden, están asfixiados de poder, dejálos ser. 

Cada día que te levantes, que lo hagas con energía, que lo hagas llena de “yo puedo”, no te contagies de la personas tóxicas, llenáte de amistades nutritivas, buscá ese libro que tanto te gusta y volvelo a leer, o si no, leé otro, toma un café a la mañana, y come esas medialunas, y a las calorías que les den, caminá, recorré todos los caminos posibles, perdé la dirección, pero no pierdas el eje, conocé, pero mejor, conócete, miráte al espejo y decí: ¿quién me para hoy? Nadie. 

Soy.

Desde el día en el que comenzaste a hablar te están pidiendo que digas quién sos. Nos pasamos la vida pensando saber quiénes somos, pensamos que desde el momento en que nacimos estamos definidos. Pero resulta ser que llega un  momento en la vida en que te vas a mirar al espejo y te vas a preguntar ¿quién soy? Y la parte que más duele es que en realidad no lo sabemos. No podemos contestar a esa pregunta, y ahí es cuando empezamos a pensar en todos hechos, en nuestras acciones, nuestra manera de hablar, nuestros gestos, ¿nuestra personalidad? Sí, puede ser. Y de repente nos sentimos como un cuerpo con tanto órganos vitales, pero sintiéndote inerte. 
Así que así vamos a pasar la vida, buscando la respuesta para esa pregunta, e incluso llegando a los extremos de preguntárselo a otra personas.
Pero la verdadera realidad, es que no somos, no podemos definirnos, porque definir es limitar, y las personas deberían tener el poder de aceptar de que los verdaderos límites son aquellos que nosotros mismos ponemos en nuestro camino.

El arte de querer y que te quieran.

Me pasó que estaba revisando mi móvil y de repente aparece en la burbuja de chat el nombre de una persona con la cuál hace un tiempo no hablaba.
Cuestión de que ver ese nombre me hizo rebovinar un poco.
Así es que me acordé de los lindos momentos que he vivido, y de los que he visto que los demás viven.
Ya saben, las risas cómplices, los apretones de mano, los abrazos, las caminatas, las sonrisas a milímetros, y entonces llegué a que querer, sí es un sentimiento, pero querer y que te quieran es un arte.
Es fácil querer a la persona “equivocada”, y digo con comillas porque cada persona llega por un razón, por lo tanto no es la persona incotrecta, si no que no es el momento, el tiempo, la hora y las ganas justas, y por eso las cosas no funcionan, ya saben mucha ciencia, muchos números, muchos problemas y pocas soluciones.
Y que te quieran, bueno eso es un dilema, aunque siempre nos pasa con ese tío que siempre lanza un comentario de aquellos que te deja nulo, pero que tú, si bien le aprecias no lo haces con la misma intensidad con que lo hace la otra persona, vuelvo a repetir demasiada ciencia. Y no, no es que no me guste, de hecho es de mis materias favoritas, pero es que me tiene en la vuelta buscarle resultados a ecuaciones sin soluciones, ¡y que para colmo dan más problemas!
Bueno como sea, ya me estaba llendo por las ramas, el caso es que querer y que quieran, todo al mismo tiempo es una arte, es una creación del ser humano que expresa, que siente, y eso es lo que pasa cuando encuentras a la persona que es tu lienzo en blanco, que expresa tu libertad, entonces enhorabuena, lo has pillado, tu eres el arte.
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Mágicamente real

Hay momentos en la vida, en los cuales nos damos cuenta de la realidad.
Una realidad muy distinta de la que nos imaginámos, ya que al parecer la vida no es tan ¿mágica?

Aunque ciertamente sobrevaloramos el significado de mágico, es cierto que mientras caminamos no vuelan chispitas que cambian de colores, ni mucho menos poder ser invisibles, bueno, ahí tal vez me equivoque.

Es que a veces son los pequeños momentos, sí, volvamos al cliché, pero es la verdad, son los pequeños detalles.

Son los besos, los abrazos, es el saludo de un desconocido, es una charla hasta las tantas, son los atardeceres, son los ameneceres, es escuchar el viento en una noche de verano, son la personas.
Las personas, esas que van y vienen, y que al final del camino quedan unas pocas, pero he escuchado algo como que todas las personas se llevan algo de nosotros y dejan algo de si mismos, y es verdad.
También es verdad que muchas de esas personas nos han hecho llorar, nos han hecho sufrir y volvemos a decir : “Ojalá nunca lo hubiera conocido”. Pero ciertamente era necesario hacerlo, era realmente necesario conocerlo, porque es la mejor manera de remacharnos la cabeza en el muro, es la manera en la que tropiezas una, y otra, y otra vez con la misma piedra, por el simple hecho de que le quieres. O le necesitas, y la verdad es que a estas alturas ya no sé cuál es peor.
El hecho es, que en general son esas las personas a las que les tenemos que dar las gracias, son esas, y aunque tal vez no sea por su excelente conducta, sino por el simple hecho de que en esos momentos en los que caes, y piensas que estás completamente perdido, es donde te encuentras, a veces solo, a veces acompañado.
Es que de los peores momentos, es en donde aparecen las mejores personas, esas tan humanas que se tiran a un costado y quedan en silencio por horas mientras te desahogas, esas que te comprenden más allá de las coincidencias, es que son esas, esas con las que luego de un tiempo y unos cuantos potes de helado, y uno que otro trago, solemos llamarles amigos.

Así que gracias, gracias a ti por desmoronarme por completo, por ser más que una hermosa ola, tan hermosa que llegó a ser un tsunami, y por naturaleza destruiste todo a tu paso.
Gracias, gracias por dejarme sola, gracias por mostrarme mi peor imagen, gracias por demostrarme que no todas las personas estarán siempre, gracias por traicionarme, gracias por todo el daño que me hiciste, porque después de todo encontré algo mejor, me encontré a mí misma.
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