Estoy rota, ¿tenés un abrazo?

Que estos últimos meses han sido difíciles, el año que pasó dejó un montón de cosas, algunas lindas, otras que sin embargo me dejan un gusto amargo a nostalgia. Un año en el que salir de la zona de confort se convirtió en la rutina diaria, cambiar todo y darle un giro de 180 grados, vinieron nuevas personas, que me ayudaron a seguirla remando, que me sacaron mil risas a carcajadas, y que pasaron de ser desconocidos a el tipo de persona que le terminás contando sobre las desiluciones amorosas con papas fritas de por medio. Pero además, hubo otras personas, que ya estaban de antes, que se mantienen firme al pie del cañón, y me acompañaron con más de una canción, a ellos, todos gracias totales.

A vos, a vos en cambio, no sé que agradecerte, sí, pasó un año, y vos fuiste un agente activo en él, viniste de la nada, y como si nada, rompiste todos los esquemas, el prototipo de persona que no, que no, y no, pero al final, al final pensé que sí. Vos, resultaste ser el responsable de infinitas sonrisas, de esas que salen de la nada, aunque tengas un pésimo día, aunque se caiga todo, una palabra, tu voz, un abrazo me alcanzaba, me era jodidamente suficiente para reír con el corazón (sí, creo que me estoy volviendo cursi, pero sí), que escuchar tus bromas, tus problemas y como intenté solucionar cada uno de ellos, porque verte mal, es el tipo de cosa que hace que te rompas, que terminaste siendo la persona que se me venía a la mente cuando escuchaba Anguilita de La Gran Piñata, digno de dedicar canciones de Las Pastillas del Abuelo, porque para mi todas las canciones eran vos, eras rock del bueno. Idas y vueltas, y a pesar de todo, sigo hablando de vos como quién habla de su comida favorita, que sí, sos todo eso bueno, pero en cambio, también sos el causante de que no suelte una cerveza mientras te espero, y que después de unas cuantas, termino en el cordón de la vereda, no sola, pero sin vos, ahí duele. Duele, porque venís y te vas, dejás incendios, y no los apagás, no te hacés cargo del resto, y volvés, cuando vuelve a florecer, para irte de nuevo, eso cansa. Pero perdoné todo, te sigo perdonando, porque no te hacés una idea de cuanto, cuanto me gustás, o capaz tenés una idea, y por eso hacés lo que hacés.

Quiero perdonarte ahora, quiero estar enojada, porque el vaso se llenó de agua, y no solo sos la última gota, sos todas las que lo llenaron. Confiar en vos, es jugar con un cuchillo de doble filo. Hacés las cosas que hacés de forma un poco egoísta, entonces en un momento pasa la línea. Vos ya vas 10km después.

No siento decepción, me siento rota, como si debería sentir muchas cosas, pero en realidad no se sentir ahora, no hay nada. No sé como dejar de quererte, quererte e intentar no hacerlo, en ambas termino igual: rota.

Y cuando uno queda así, solo un abrazo hace efecto, ¿querés saber algo gracioso? quiero un abrazo tuyo, pagaría por un abrazo tuyo, ahora, porque así como rompés, sanás. Terminás siendo la cura y la enfermedad, no sé como lidiar con esto, siento que te voy a extrañar mucho,vos quedaste adentro, derribaste muros sin saberlo, lo rompiste todo.

Me siento poco humana, estoy rota, ¿tenés un abrazo?

Advertisements

Dí algo, por favor.

Me gusta pensar que todos tenemos la posibilidad de hablar, aunque a algunos no se nos dé tan bien. Me gusta pensar que en algún momento alzaremos la voz, sin la necesidad de gritar, porque hoy es nuestra mente, nuestros murmullos, y nuestros silencios los que hacen ruido, ¿no se supone que los silencios no hacen ruido? Los silencios no deberían hacer tanto ruido.

Durante toda mi vida me crié en silencio, crecí en silencio, respiré silencio, viví de silencios, horas, días, semanas e incluso años en silencio, el precio de no tener nada que decir, o de no querer decirlo, es que en un momento las cargas en la espalda van a ser mayores, y lo único que vamos a obtener es silencio, sólo que ahora este silencio me aturde, me asfixia, va calando muy hondo, y no tengo las fuerzas necesarias para detenerlo. 

¿No se supone que el ser humano tiene la capacidad de comunicarse con los demás? Creo que la repartición debería haber sido más equitativa, en nuestra vida nos vamos a encontrar a esas personas que pueden expresar absolutamente todo, sin esfuerzos, sin que se les arrugue el corazón al decir las cosas. También vamos a encontrar a aquellas que transmiten lo justo y necesario, sin dañar al resto pero sin dañarse a sí mismo. Y están aquellos que no tenemos la necesidad de hablar con nadie, que aguantamos las balas en silencio, que de vez en cuando nos vamos lejos a gritar, que vivimos de suspiros por todo lo que callamos, que tenemos la perfecta compañía del silencio, que nos sigue a todos lados, y nos cierra la boca y el corazón, y nos imposibilita de expresar, de sentir.

Es mirarte todos los días en el espejo, y más allá de lo que digas, de las palabras de aliento, de los “hola, ¿cómo estás?”, de las conversaciones acerca de los sentimientos, acerca del clima, de la ropa, no importa todo lo que digas, si seguís respirando silencio, por miedo, por empatía, por falta de coraje, tal vez, por miedo a herir al resto, sin importar los restos que quedan roto dentro. Dí algo, por favor. No sigas sanando heridas del resto, saná las tuyas, no pases tu vida sin decir lo que sentís, porque en un momento todas las palabras que no dijiste van a terminar matando lo poco de ser vivo que te queda, no dejes que el silencio envuelva tu esencia. Te lo repito, dí algo, por favor.