Aguanten.

Aguanten las horas de vida perdidas. Aguanten los histeriqueos cibernéticos y los levantes virtuales. Aguanten los que tienen 8 cuentas y se dan autolike a sus fotos. Aguanten las parejas que se llenan de corazones virtuales. Aguanten los que quieren canjes.

-Annasofia Facello.

Aguante el postureo social de lo que comés.

Aguanten los que suben libros piratas de la facultad.

Aguanten los que toman 3 tragos y te cantan hasta feliz cumpleaños.

Aguanten los que publican sus lecturas, como si leer Neruda te hiciera poeta.

Aguanten los que no se animan a decir las cosas y meses más tarde los encontrás en un blog anónimo. Aguanten los que mienten y lo publican en Twitter.

Aguanten los que se tragan las puteadas y te las devuelven en un sobre.

Aguanten los que escriben dos versos y se creen escritores.

Aguanten las canciones de la vieja escuela.

Aguanten los que no piensan antes de hablar y después te piden perdón. Aguanten los que te hablan con la mente vacía.

Aguanten los que te preguntas si estás bien en medio del pogo.

Aguanten los que te invitan una cerveza por Whatsapp y cara a cara arrugan. Aguanten los ex’s de las amigas o hermanas.

Aguanten los que dedican canciones en secreto.

Aguanten los que no saben y se informan. Aguanten los que se quejan de todo y no cambian nada.

Aguanten los que escriben post como este para sacarse mochilas de encima.

Aguante tener miedo a lo nuevo. Aguanten los que te sacan el miedo.

Aguanten los abrazos en el boliche, con unos tragos de más. Aguanten tus abrazos.

Aguanten los que ríen y lloran. Aguanten los que se expresan.

Aguanten los friendzoneos. Aguanten los “te quiero mucho, pero no tanto, no ahora, tal vez más tarde”. Aguanten los cagones.

Aguanten los cursis en pleno siglo XXI. Aguanten las baladas románticas. Aguanten los que las bailan. Aguante el pasito 2 y 1. Aguante bailar con vos.

Aguanten las minas que conocés en el baño de un bar.

Aguanten los que nunca se enamoraron y todavía creen.

Aguanten los que estudian economía y finanzas para asegurarse un futuro. Aguanten los que estudian después de 30 años.

Aguanten las que paran el 8 de marzo. Aguanten las que luchan juntas.

Aguanten los que pierden y lo intentan otra vez.

Aguanten los que les gusta el arte.

Aguantemos nostros, que queremos más por redes sociales, que mandamos corazones y besos por mensaje y después no se concreta nada. Aguante nosotros que mandamos mensajes “borrachas” como excusa para decir la verdad.

Aguanten los “te quiero”, “te extraño” que nos envían por Snapchat. Aguanten los que se olvidan de que lo hicieron. Aguanten las llamadas sin querer a las 2 de la mañana.

Aguanten las series. Aguanten los que miran las series que les recomendaste. Aguanten los que te dicen para verlas juntos.

Aguanten los que pueden comer 5 litros de helado como si nada. Aguanten los que te invitan helado. Aguanten los que comen con las manos.

Aguanten lo que siguen aguantando, aguanten lo que se rebelan y quieren de verdad en medio de un mundo superficial. Aguanten los que a pesar de la superficialidad quieren. Aguanten lo que en lugar de querer flojito, aman fuerte. Aguanten.

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El amor y las tormentas de verano.

¿Alguna vez se han dado cuenta de que están entregados a una persona? Durante el correr de mi vida he visto montones de parejas, de todos los tipos, formas y colores, hablando en serio, he visto personas unidas por un estúpido papel, desencontradas por la distancia (de los corazones). He visto parejas que van de la mano en medio de la ciudad y se miran como si fueran una milanesa con papas fritas, que se deleitan la vida con el simple hecho de ver sonreír a la otra persona. Por otro lado también están los temerosos de mostrar sus sentimientos, por miedo, de ser rechazados, de ser heridos, de no ser, miedo de querer, porque todos le tenemos miedo al amor, y en realidad no sé porqué, preferimos llenarnos de odio que de afecto, creo que la palabra que resume todo es miedo. 

 Por eso una de mis cosas favoritas son los amores de verano, me resultan agradables al corazón, 7 o 10 días en los que te entregas a una persona que probablemente no vuelvas a ver en tu vida, que van a la playa y se ríen como en una película de comedia, y da igual, porque por un momento dejas el miedo junto a la ropa de invierno, encerrada en un baúl. Y se siente jodidamente bien, hablar con alguien acerca de las estrellas, las películas y canciones favoritas, por un momento dejas de preguntarte porque razón se encuentran en el mismo camino, y decides recorrerlo, apartas tus inseguridades y por un momento te siente libre, fuerte, valiente. Consciente de que en algún momento cada uno seguirá su camino, y de que es casi imposible cruzartelo en un futuro, a cambio guardas el recuerdo de aquel verano.

El amor y las tormentas de verano siempre compartirán algo: la intensidad y la duración. Al principio te asusta que arrase con todo como un huracán, pero luego tomas conciencia, y dices “joder, estamos en verano en un momento terminará”, te dejás llevar por la lluvia torrencial y el viento que empieza a soplar, y en lugar de resguardarte bajo tacho, comienzas a bailar bajo la lluvia, así que cuando empiezas a divertirte y sentir alguna especie de porquería espiritual, para de llover. Así como pasó la tormenta también pasará el amor, pero mientras dure simpre podemos disfrutarlo.