Dí algo, por favor.

Me gusta pensar que todos tenemos la posibilidad de hablar, aunque a algunos no se nos dé tan bien. Me gusta pensar que en algún momento alzaremos la voz, sin la necesidad de gritar, porque hoy es nuestra mente, nuestros murmullos, y nuestros silencios los que hacen ruido, ¿no se supone que los silencios no hacen ruido? Los silencios no deberían hacer tanto ruido.

Durante toda mi vida me crié en silencio, crecí en silencio, respiré silencio, viví de silencios, horas, días, semanas e incluso años en silencio, el precio de no tener nada que decir, o de no querer decirlo, es que en un momento las cargas en la espalda van a ser mayores, y lo único que vamos a obtener es silencio, sólo que ahora este silencio me aturde, me asfixia, va calando muy hondo, y no tengo las fuerzas necesarias para detenerlo. 

¿No se supone que el ser humano tiene la capacidad de comunicarse con los demás? Creo que la repartición debería haber sido más equitativa, en nuestra vida nos vamos a encontrar a esas personas que pueden expresar absolutamente todo, sin esfuerzos, sin que se les arrugue el corazón al decir las cosas. También vamos a encontrar a aquellas que transmiten lo justo y necesario, sin dañar al resto pero sin dañarse a sí mismo. Y están aquellos que no tenemos la necesidad de hablar con nadie, que aguantamos las balas en silencio, que de vez en cuando nos vamos lejos a gritar, que vivimos de suspiros por todo lo que callamos, que tenemos la perfecta compañía del silencio, que nos sigue a todos lados, y nos cierra la boca y el corazón, y nos imposibilita de expresar, de sentir.

Es mirarte todos los días en el espejo, y más allá de lo que digas, de las palabras de aliento, de los “hola, ¿cómo estás?”, de las conversaciones acerca de los sentimientos, acerca del clima, de la ropa, no importa todo lo que digas, si seguís respirando silencio, por miedo, por empatía, por falta de coraje, tal vez, por miedo a herir al resto, sin importar los restos que quedan roto dentro. Dí algo, por favor. No sigas sanando heridas del resto, saná las tuyas, no pases tu vida sin decir lo que sentís, porque en un momento todas las palabras que no dijiste van a terminar matando lo poco de ser vivo que te queda, no dejes que el silencio envuelva tu esencia. Te lo repito, dí algo, por favor.